.

.
Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Los relatos narran las aventuras de cuatro mujeres divorciadas y sus conversaciones sobre sexo y hombres. Las recetas se elaboran siguiendo viejos cuadernos de cocina, escritos a principios del siglo XX


jueves, 29 de noviembre de 2012

ENAMORADIZA

  ...Lo busca en el mundo real y en el cyberespacio, en las barras de los bares y en Google...
   “He perdido al hombre de mi vida y no estoy triste. Me siento en paz conmigo misma. Y abierta a lo que pueda venir”. Con estas palabras, pronunciadas ante su íntima amiga Wynie Smith. LA DECISIÓN DE EMI ABBOTT Emi Abbott dio por terminada la historia de amor más apasionante de su vida y se echó a las calles decidida a estrenar soltería.
    Emi pertenece al tipo de mujer que no sabe vivir sin tener un hombre a su alrededor. Desde que lo dejó con su primer amor, a los dieciséis años, ha ido de flor en flor, soltando a uno y cogiendo a otro de forma casi instantánea. A su marido lo conoció con veintiuno, a la mañana siguiente de que la dejara el cuarto de los novios de su vida. Entró en clase de inglés, se quedó mirando embobada al nuevo profesor y, nada más tomar asiento, le dijo a su compañera de pupitre que iba a casarse con él. No habían cruzado una sola palabra, pero presintió con una clarividencia aplastante un hecho que, en efecto, sucedió varios meses después de aquel flechazo que fue mutuo.
    Algo parecido le sucedió con El Polaco, a quién conoció el mismo día en que decidió solicitar el divorcio, después de 20 años de matrimonio. Ocurrió en un evento que organizaba el Instituto Polaco de Cultura, al que acudió por motivos laborales. Varios minutos después de que alguien los presentara, se alejó con una excusa banal y llamó a Wynie para contarle que había conocido a un hombre mayor con el que iba a pasar esa noche, y añadió estar segura de que serían muchas más. Sus deseos volvieron a cumplirse y junto a su ínclito amante extranjero y errante, maduro y experto, ha pasado tres años. A su lado ha disfrutado de intensas experiencias sexuales jamás imaginadas EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT ha amado con una intensidad que nunca antes había sentido y, llegado el momento, ha preferido prescindir del ser amado antes que compartirlo SIN DECIR ADIÓS.
    Emi y Wynie han bromeado a menudo acerca de quién les duraría más, si El Polaco o El Profesor de Matemáticas.  Siempre solían llegar a la conclusión de que este último y la realidad demostró que que no erraban. La apasionante historia de el Polaco y Emi ha tocado a su fin, mientras persisten los ardientes encuentros de Wynie y el profe SENSUAL Y SEXUAL.
    No transcurrió ni una semana desde que Emi estrenó soltería y salió de su casa con la mente abierta a seducir y ser seducida hasta que se topó con El Publicista. Lo encontró en un evento al que acudió con Olivia N. y, nada más verlo, supo que se trataba del elegido. Era rubio, de aspecto pijo y modales elegantes. Lo miraba de reojo cuando él empezó a toser. Emi se acercó, le dio unos golpecillos en la espalda y volvió sobre sus pasos. Al poco tiempo, estando ambas amigas en la barra, él las descubrió entre el numeroso público que abarrotaba la sala y le pidió a Emi con un guiño y un simpático gesto que se acercara. Ella obedeció y no volvieron a separarse hasta que terminó la fiesta.
    En ese tiempo, Emi supo de su flamante galán que era publicista, tenía cuarenta y siete años, divorciado y padre de un niño de corta edad. Él, en cambio, nada. Emi suele comportarse ante los desconocidos como una persona misteriosa, que habla poco y, respecto a su vida. sabe callar sin que se note que lo hace intencionadamente. Lo que esa primera noche dejó claro a ambos es que les gustaba besarse. Lo hicieron en varias ocasiones y, a juzgar por las palabras que se dijeron, se quedaron con las ganas de una intimidad que las mutuas obligaciones laborales impidieron que aconteciera. Se despidieron sin dejarse los teléfonos. Ninguno de los dos dio el paso de pedirlo al otro. Un beso largo y profundo y un “hasta la próxima” marcó el colofón de la velada.
    Ahora, Emi asegura haberse enamorado de El Publicista y lo busca en el mundo real y en el ciberespacio, en las barras de los bares y en Google. Hasta el momento, sin éxito.  
                                                                                                       RoCastrillo

miércoles, 28 de noviembre de 2012

LA NOCHE DE... ABREMELOYA!! (II)

      Olivia y Wynie, pletóricas triunfadoras...
      Las protagonistas de ABREMELOYA!!! se encaminaron a El Maligno una vez finalizada la reunión festiva de presentación en sociedad de este blog. La única que desistió y se marchó a dormir después del evento fue Katty Lloyd, todavía apesadumbrada por la ausencia definitiva de su añorado amante belga...
     Nada más llegar, Olivia N. y Emi Abbott se dirigieron a la barra a pedir unas copas. Wynie Smith, por su parte, se adentró en las profundidades del local y, justo al entrar en el salón, comprobó que un tipo rubio y guapo le dedicó un par de guiños enfebrecidos desde el sofá situado enfrente de la pista de baile, donde estaba sentado con un par de amigos. Ella simuló que no se había enterado de nada y continuó balanceando su cuerpo con movimientos sugerentes al ritmo de la música. De vez en cuando, con el rabillo del ojo, lanzaba miradas furtivas al grupo del rubio. Se percató entonces de que uno de sus amigos, también con pelo claro y vestido a la última, era un tipo relacionado con el mundo de la música al que ya conocían, y que le gustaba a su amiga Olivia. Así que decidió avisarla y abandonó rauda el baile, las miradas y el salón.
Short auténtico vintage que lució Wynie para la ocasión. Derecha, Olivia vestida de moni-lachispaadecuada. 
     Olivia se volvió loca de contenta al conocer la noticia. De hecho, había escuchado el rumor de que el elegante en cuestión iba a convertirse en socio de su ex marido y que ambos se disponían a inaugurar, en breve, la sala de conciertos más grande de la ciudad. Dejó a Emi en la barra coqueteando con un par de tipos, cogió a Wynie del brazo y ambas volvieron, con amplias sonrisas dibujadas en sus semblantes, al interior del salón. Y sucedió justo lo que Olivia estaba pensando: nada más verla, el elegante se levantó del sofá y la agasajó con un fuerte abrazo. El rubio, emulando a su colega, abandonó también el asiento, se plantó al lado de Wynie y le propuso que se sentaran juntos.
   Después de dedicar unos minutos a intercambiar algunas pinceladas sobre sus vidas respectivas, el elegante confesó a Olivia que una fantasía había inundado su mente nada más verla: quería empotrarla -eso y más cosas, precisó- en la esquina del baño grande. El tipo le gustaba mucho, aunque su propuesta la dejó muy sorprendida porque sabía que tenía novia. No obstante, una mujerona de su calibre no estaba para dar puntadas sin hilo. Por tanto, no dudó en cerciorarse de que el rumor sobre la sala de conciertos junto a su ex marido era cierto antes de adentrarse con El Elegante en el pasillo que conducía a los baños. Pensar en un affaire con el nuevo socio de su ex la ponía aún más cachonda de lo que ya estaba.
    En la barra, mientras tanto, el rubio trataba de seducir a Wynie con una ristra de halagos encadenados, ignorante de que su estrategia no sería decisiva para conquistarla puesto que ella ya había decidido que sí, que terminaría la noche en sus brazos. No en vano se consideraba un espíritu libre y la única condición que exigía a un hombre para encamarse con él era que le gustara físicamente. El rubio, por esta razón, apenas necesitó esforzarse. Contaba, además, con la ventaja de ser diez años menor, dato que -tratándose de Wynie- añadía valor a la conquista. Al tiempo que se congratulaban mutuamente de haberse conocido, Olivia se parapetaba, de espaldas, contra una de las esquinas del baño grande y se preparaba para sentir las embestidas de El Elegante. Los músculos de su vagina se contraían acompasados a los alaridos del hombre, y ella unía al placer del sexo la satisfacción que le proporcionaba llevarse al huerto al flamante socio de su ex. Su cuerpo vibraba al imaginarse en la nueva sala de conciertos coqueteando con el elegante, la mirada pérfida y fría de su ex clavada en su anatomía y cada célula de su cuerpo regodeándose y martirizándolo de forma inusitada con el cuchillo de la indiferencia. Tras aquel coito pletórico de deseo ardiente y adornado con otras cosas, decidieron tomar una copa más y continuar escalando las cumbres de la pasión en la intimidad del cercano apartamento donde vivía Olivia.
    Envuelta en una tenue neblina y bajo el amanecer gris de la ciudad, Emi tomaba un taxi hacia su casa lamentando que, una noche más, se había sentido incapaz de amar a un hombre distinto a El Polaco. Y Wynie, abrazada al joven rubio en la ancha cama de su vivienda, vislumbraba un halo de frustración asomándose al firmamento estrellado que su acompañante se esforzaba en ofrecerle. Ni Olivia ni ella sabían entonces que el largo puente festivo guardaba todavía más sorpresas con las que obsequiarlas...
                                                                                                                             RoCastrillo

LA NOCHE DE...ABREMELOYA (I)

Emi, Wynie, Olivia y Katty protagonizan la presentación oficial de ABREMELOYA!!!
  Perdonad que esta crónica llegue más tarde de la hora habitual... ¿El motivo? Anoche organicé una reunión festiva en casa para presentar a mis ochenta mejores amigas/os ABREMELOYA!!!, este blog literario sobre sexo, cocina y correrías diversas... El evento, jugoso y muy completito, tuvo como protagonistas a EMI, WYNIE, KATTY Y OLIVIA las cuatro mujeres que inspiran las historias de estas páginas. Fue también un placer contar con la presencia de la premiadísima actriz y directora Natalia Mateo y los estilismos de moni-lachispaadecuada
El discursito de presentación corrió a cargo de Emi Abbott, que se lanzó al ruedo ataviada con sus peculiares estilismos y las mismas gafas de sol que usa para bailar en El Maligno con los ojos cerrados. Of course, provocó al personal masculino presente con preguntas directas sobre pollas, tamaños y ritmos. (A ella, acostumbrada al vaso de cubata, cualquier pene de tamaño medio le parece peccatta minuta). Después de unas cuantas risas y algún que otro rostro enrojecido, llegamos a la conclusión de que los hombres no tienen ni idea de lo que decimos las mujeres cuando hablamos de sexo. Y para suplir esta carencia, por supuesto, no dudamos en recomendar al llamado sexo fuerte la lectura diaria de ABREMELOYA. Una buena forma de conocer los pensamientos y actitudes femeninas ante la consabida materia.
    El toque gastronómico para bordar la reunión lo pusieron las CROQUETAS CASERAS EN DOS ACTOS que ya conocéis, además de dos especialidades distintas de tortilla de patatas, cuyas recetas os descubriré en entregas sucesivas. La noche, como no podía ser de otra forma, terminó en El Maligno con un triundo rotundo de Wynie Smith, que está que lo tira desde que se propuso echar a Ése de sus pensamientos. Para saber el por qué tendréis que estar pendientes de próximas entregas de ABREMELOYA.
    Mañana descanso pero el lunes, sin falta, colgaré las fotos y os contaré la segunda parte del evento. ¡Que disfrutéis con buen sexo el final de este largo puente!
                                                                                   Besos y abrazos,
                                                                                    RoCastrillo

¡QUE HOMBRES TAN RAROS!

 ...Y EL AZAR DESHOJANDO TEMBLOROSO UNA MARGARITA CRECIDA AL CALOR DE LA PASIÓN...
    Olivia N. lleva todo el día mirando los puntitos verdes que se encienden en el chat del Facebook. Le sorprende que El de 28 esté conectado y no le diga nada. Varias horas después teclea “Felices Fiestas” y tampoco obtiene respuesta. Recuerda el revoloteo de sus palabras susurrantes en el lóbulo de su oído “eres mía, te quiero solo para mí”  EL LADO OSCURO DEL DESEO , y no entiende que alguien pueda pasar de la pasión a la indiferencia en tan pocos días. Y mucho menos, sin que hayan existido discusiones ni malentendidos que pudieran provocar semejante actitud. Apaga el ordenador y se dispone a pintarse las uñas. No tiene claro qué color escoger, no puede concentrarse y atraviesa, nerviosa, el salón de su apartamento de un extremo a otro. De forma instintiva, su dedo pulgar pulsa el botón “on” del portátil que está sobre la mesa. Comprueba que El de 28 sigue conectado al resto del mundo -menos a mí- se lamenta. Continúa con su deporte de recorrer el salón y, varias vueltas más tarde, decide atacar de nuevo. “¿Porqué no quieres hablarme, estás enfadado conmigo?”, teclea con sus dedos trémulos, y espera impaciente una respuesta fría y simple: “No. Simplemente, estoy muy ocupado”. Palabras vacías que no despejan sus dudas. Enciende un cigarrillo, le da un par de caladas y lo estruja con fuerza contra el cenicero. “Si estás muy ocupado, te vas a la mierda. El año que viene, otro”, exclama en voz alta como si él pudiera oírla.
                                          
    A Wynie Smith le ocurre algo parecido. El profesor de Matemáticas la llama para felicitarle las fiestas pero no le pide que se vean. Continúan hablando de cosas banales y ella le sugiere que cenen juntos. El hombre rechaza la proposición y le anuncia que está preparando las maletas para irse de viaje. Wynie deduce que será en compañía de otra, aunque no se lo pregunta. Ni siquiera le preocupa. Está convencida de que entre ellos existe una atracción fuerte... Vinculaciones de la física y la química, difíciles de romper... Se despide cordialmente, cuelga el teléfono y continúa con sus quehaceres. Varias horas más tarde, el sonido del teléfono la sorprende ensimismada en las páginas de una novela. Descuelga el aparato y escucha la voz del profesor de Matemáticas. Le comunica que ha suspendido el viaje y quiere verla. Tras una primera negativa que resulta poco convincente, su amante consigue el propósito de que pasen la noche juntos y quedan citados en casa de ella. El deseo se presenta con tanta premura que no los deja desnudarse por completo, ni siquiera llegar hasta la cama. Como una pareja de perros en celo, juntan sus cuerpos en medio del salón y se aman vigorosamente sobre el suelo de madera. Tampoco Wynie entiende el porqué de sus desplantes, primero no y luego si, no, sí... El viaje no realizado; la otra -cuya existencia real ignora- explorando como un fantasma los vericuetos de su sistema nervioso; y el azar deshojando tembloroso una margarita crecida al calor de la pasión... Entregada de lleno a un placer sin fisuras, siente imperecedera la unión de sus cuerpos sudorosos al tiempo que sus manos se cierran con fuerza abarcando la ancha espalda de su compañero...
     Katty Lloyd, por su parte, sigue recorriendo deprisa las calles de Madrid. Su ex marido la ha llamado para pedirle que se quede con su hijo el resto de las fiestas. Le ha asegurado que tiene mucho trabajo y no puede encargarse del pequeño. “A los hombres no hay quien los entienda”, piensa para sus adentros. “Tanto pelearse por la custodia compartida y se pasa la vida inventando excusas para dejarme al niño”. Cruza a paso ligero una avenida ancha y sonríe al sol que se asoma tímidamente entre las nubes. ¿Con quién voy a estar mejor que con mi hijo?, le pregunta satisfecha a la sombra esbelta que la sigue.
    Mientras, al otro lado del gran Atlántico, aeropuerto internacional de Nasáu, Emi Abbott espera sudorosa -no sabe si por el calor o por los nervios- la llegada del hombre junto al que recibirá 2012.  
                                                                                                       RoCastrillo

LAS CHICAS DE ABREMELOYA VIVEN LAS ÚLTIMAS AVENTURAS 2011

Emi, Wynie, Olivia y Katty se disponen, cada una en su estilo, a despedir el año 2011. Así viven estos días de trasiegos varios.
 
EMI: Nerviosa y algo deprimida, prepara las maletas para un largo viaje. No tiene motivos concretos, pero su ánimo es delicado y alterable. Tiene miedo y no sabe a qué. Le angustia el paso del tiempo, ver a sus hijas convertidas en mujeres, asumir su condición de enamoradiza empedernida... Mete en su equipaje dos latas pequeñas con raciones individuales de uvas en conserva, peladas y sin hueso. No sabe si las encontrará en las Bahamas y esa reflexión provoca que un ejército de hormiguillas atraviese su cuerpo de la cabeza a los pies. Piensa en la Nochevieja bajo el sol del Caribe y siente una mezcla de emoción y miedo. Es la primera vez que va a estar sin sus hijas un 31 de diciembre. ¿Alguien cree que viaja sola a las Bahamas?
                                                  
WYNIE: Sola en Madrid, después de unas Navidades en familia. Va a El Maligno con amigas distintas: una periodista freelance y víctima del trabajo inestable y en precario, como ella; y la abogada que defiende los derechos de propiedad intelectual sobre los textos que ambas escriben. Conocen a un grupo de hombres que celebran la fiesta navideña de una serie televisiva. Se sientan juntos y empieza el juego. Junto a Wynie se coloca un barbudo que intenta seducirla y pretende poner sus manos donde no debe. Ella le deja claro que no tiene nada que hacer y el tipo se levanta. Al otro lado, un hombretón que se presenta como cámara de la tele se debate entre las dos periodistas y vacila a ambas. El barbudo, por su parte, lo intenta con la abogada. Wynie se da cuenta de que ninguno de aquellos tipos la motiva lo suficiente. Los primeros rayos de sol la acompañan hasta su casa. No le importa dormir sola. Esa noche no muestra interés en el sexo por el sexo.
OLIVIA: También sola en Madrid y ejerciendo de manager-producer. Se ha comprado un frac blanco para la fiesta de Fin de Año a la que asistirá con Wynie. Telefonea a ésta y le cuenta emocionada que las han invitado a cenar en un ático con vistas al reloj de la Puerta del Sol, donde tomarán las uvas en vivo y en directo. Después tendrán una fiesta en casa de un músico amigo de El Elegante LA NOCHE DE ABREMELOYA!!!(II). No tiene claro si asistirá el susodicho pero, en cualquier caso, ha pedido cita para una “fantasía de chocolate”. Un sofisticado tratamiento que incluye variedades como exfoliación con chocolate, masaje de chocolate batido e inmersión total del cuerpo en chocolate. Tiene claro que quiere recibir el 2012 dulce y relajada.
 KATTY: Estresada y ocupadísima. De casting en casting y de plató en plató, intentando sacar el máximo jugo a las distintas campañas publicitarias de Navidad. Corriendo por los pasillos del metro, maquillándose y desmaquillándose deprisa; escogiendo modelos y estilismos de peluquería. Pidiendo a su madre y a las amigas que se queden con su hijo mientras trabaja. Haciendo números y revisando facturas. Queriendo expulsar al belga de forma definitiva de su cabeza y de su vida. Recordando su aventura en el metro  LA TENTACIÓN VIAJA EN METRO con una sonrisa en los labios y un escalofrío atravesando su espalda. Sin tiempo para salir ni para amar. Entregada de lleno a su ajetreada cotidianidad de súper woman del siglo XXI.
                                                                                                              RoCastrillo

CONVERSACIÓN MASCULINA EN EL MALIGNO

    EL MALIGNO. 04,15 horas de la madrugada. 
    "Yo soy capaz de comérselo a una tía durante una hora"
    Mis amigas Emi Abbott y Wynie Smith, junto a quien escribe estas líneas, fuimos testigos de la siguiente conversación masculina. Intentaré transcribirla tal como la recuerdo y lo más cercana posible a la realidad. Me gustaría, de antemano, disculparme por el tono soez de las palabras usadas, que reproduzco tal como fueron pronunciadas. Pretendo que ABREMELOYA sea un blog literario y creo cierto que la vulgaridad está reñida con la literatura. En este sentido, podría haberlas evitado. No obstante, considero que escribiéndolas de forma exacta ofrezco a los lectores un retrato más real de los personajes y más cercano a la situación vivida. Me permito, asimismo, adornar este diálogo con el mismo dibujo que usé en la conversación femenina que inauguró este blog ¿EL TAMAÑO IMPORTA?  convencida de que ilustra a la perfección la charla masculina que hoy he decidido compartir con los lectores de ABREMELOYA.
                                               
   Los protagonistas, tres hombres de edades comprendidas entre los 35 y los 42. Los conocemos por sus alias: el Atrevido, el Guapo y el Interesante. Del mismo modo, quiero aclarar que estas cosas suceden, así tal como voy a relatarlas, en muy pocos lugares. Pero en el ambiente “open mind” que se respira en El Maligno, un grupo de mujeres  puede escuchar esta discusión de machos. Y más aún: con alusiones directas a ellas conforme las palabras iban calentándose. A partir de ahora, nombraré a los susodichos como A (el Atrevido); I (el Interesante); y G (el Guapo).
A.- Yo soy capaz de comerle en coño a una tía durante una hora.
I.-¡Venga ya!
A.-Te lo juro. Y además, me encanta.
I.-No hay tía que soporte eso. ¿Durante una hora? ¡Tú flipas! ¿No serán diez minutos?
A.-De diez minutos nada. Una hora exacta.
I.-No seas chulo. Yo te aseguro que eso es imposible. ¿Una hora seguida dándole a la lengua? (Hace el gesto con su lengua y ríe a carcajadas) ¡Menudas agujetas! No te creo, tío.
   El guapo, que sonreía todo el tiempo, se mantuvo al margen hasta que lo metieron directamente en el ajo. Guapo, ¿tú me crees, o no?, le preguntó el Atrevido.
G.- No, no te creo.
A.- ¡Vaya hombre! ¡Otro listo!
G.- Mira, a ninguna tía le gusta que le coman el coño durante una hora seguida. Cuando llevan un ratillo ya te están pidiendo que se la metas. Si están muy cachondas lo que quieren es tener una buena polla dentro.
I.-Estás en lo cierto. Lo que ocurre es que éste -señala al Atrevido con el gesto- será impotente y tiene que ejercitarse mucho con la lengua. De todas formas, miente. No me lo creo ni aunque lo vea.
A.-¿Qué te apuestas? Aquí tenemos tres mujeres hermosas, dijo señalándonos con un gesto soez. ¿No os gustaría, chicas? ¿Qué decís vosotras?
Ellas, al unísono: ¡Ja, ja, ja! ¿Una hora? ¡Qué perezón!
A.-Eso os gusta a todas las tías. Vamos. No os hagáis las estrechas. La oferta está en pie para cualquiera de las tres. ¿No os atrevéis?
Ellas: ¡Ja, ja, ja!
Emi: ¡Que horror, tener a un hombre ahí abajo durante una hora!
Wynie: Eso depende del individuo. Si lo hiciera bien, ¡menudo lujo!
A.- Yo lo hago perfecto. Mira, la retó mientras movía su lengua al uso, intentando que ella se congraciara con sus artes en la materia. Vente conmigo y te aseguro que nadie te habrá hecho nunca tan feliz.
Wynie: ¿Qué dices? Además, tú no me pones.
G, sentado a su lado: Y yo, ¿te pongo? Lo hago bien todo y me dejo guiar. Tú pides y yo trabajo. Cuando estoy con una mujer, lo que más me gusta es verla gozar.
A.- Y a mi, por eso me gusta tanto comerlo. ¡Una hora, chicas! ¿Os lo imagináis?
Emi: No, ni quiero.
Wynie: Generalmente, los que habláis mucho hacéis poco.
I.-Y éste (mirando a el Atrevido), es como esos tipos a los que te refieres. Te lo digo yo, que lo conozco hace muchos años.
A.- (Dirigiéndose a las tres mujeres). Entonces, ¿que? ¿No hay ninguna voluntaria?
Wynie: Yo tengo poca fe y menos tiempo, así que me despido.
    En esos momentos se levantó, salió de la habitación azul al pasillo y se dispuso a recoger el abrigo que estaba colgado en un perchero de pared. El guapo la siguió y la invitó a dormir en su casa. Ella se negó con un gesto de cabeza y un “tal vez otro día”, apenas audible. Mientras se ponía el abrigo salieron sus amigas seguidas por el Atrevido y el Interesante. Ellas abandonaron juntas el local y los dejaron en la barra pidiendo otra copa y buscando nueva compañía femenina. Ya había amanecido y el reloj marcaba las 07,30 horas de uno de los últimos días laborables del año.
     Os animo a todos, hombres y mujeres, a que hagáis comentarios. ¿Alguien se cree a El Atrevido, o nos encontramos ante un farolero?
                                                                               RoCastrillo

LA TENTACIÓN VIAJA EN METRO


    Aquella mañana fría y gris del invierno madrileño, Katty Lloyd descendía las escaleras del metro elegantemente vestida, maquillada, con un peinado perfecto y caminando sobre altos tacones. Tenía cita para un casting en una agencia de modelos y era consciente de que lo lógico para una mujer como ella hubiera sido tomar un taxi, pero la estrecha situación económica que atravesaba se lo impedía. Al menos, tuvo suerte y pudo encontrar un asiento libre. El enjambre de miradas masculinas que recorría su anatomía le recordaba que, con cuarenta años cumplidos, seguía siendo una hermosa hembra.
                              
    Dos paradas después, la señora que ocupaba el asiento contiguo se apeó del tren y un atractivo joven ocupó su lugar. Katty sintió que una mirada penetrante la atravesaba, aunque no se inmutó y continuó ensimismada en la lectura del diario gratuito que sujetaba entre sus finas manos. El metro continuó su marcha hasta la siguiente estación y, pasados unos minutos, ella sintió los golpecitos de unos dedos en su hombro derecho. Levantó su mirada azul de las letras del periódico y la posó en el rostro masculino.
   -Eres preciosa. Hace mucho tiempo que no veo a una mujer tan guapa como tú, y mucho menos en el metro. ¿Tienes novio?, le preguntó.
    -No, se limitó a contestar, el semblante serio y la mirada fija en el rostro masculino.
    -Pues ya lo has encontrado.
    -Demasiado joven para mí, ¿no te parece?
    -En absoluto. Me gustan las mujeres mayores. Y mucho más, una como tú, precisó. ¿Dónde vas?, quiso saber.
    -A un asunto de trabajo.
    -Dame tu teléfono. Quiero verte luego.
    Katty le dejó el número. Ni pensó ni le importó el hecho de que ese joven podría ser su hijo. Desde el momento en que se propuso expulsar al belga de sus pensamientos y de su vida no estaba dispuesta a rechazar oportunidades placenteras ni a dejar escapar trenes que solo pasan una vez en la vida... Su intuición le dijo que el muchacho apuesto y musculoso que se sentaba a su lado era uno de esos trenes y no volvería a pasar. Así que, cuando recibió la llamada de un número desconocido, varias horas después, tuvo la certeza de que era él y le lanzó un sonriente “hola”.
   El joven la invitó a cenar en su apartamento, situado en una ciudad dormitorio cercana a Madrid, pero no pudo aceptar la propuesta. Además de que esa noche tenía a su hijo en casa, no le apetecía trasladarse fuera de la ciudad para cenar con un desconocido.
   -Imposible, le contestó. Tengo un hijo pequeño y no puedo dejarlo solo. Si quieres, ven tú aquí, aunque tendrá que ser tarde, cuando él esté dormido.
     Su interlocutor aceptó y quedaron a las 11 de la noche. Nada más llegar, Katty, sonriente y silenciosa, lo condujo a sus aposentos. Se dejó desnudar por las manos nerviosas de un muchacho que, según él mismo confesó, tenía 21 años y no paraba de repetirle que estar con ella era un sueño inalcanzable que, de repente, se convertía en real. También para Katty fueron un sueño su sonrisa de niño; sus miradas pícaramente lascivas; la suavidad de su piel; su torso que parecía esculpido por las manos de un artista; la visión del pene que durante toda la noche permaneció erecto y el vigor con el que aquella herramienta entraba y salía de su interior...
     El silencio protagonizó el encuentro furtivo de ambos. Se amaron sin palabras y apenas sin jadeos porque, cuando Katty sentía que los gemidos placenteros de su acompañante se incrementaban, le sellaba los labios con sus besos. No quería que su hijo descubriera que había un hombre en su cama y, al despuntar el alba, le pidió que se marchara. Ella, que no estaba entre las mujeres que confunden el amor con el sexo, se encontraba satisfecha y no necesitaba más. Su deseo se limitaba a verlo cruzar la puerta de salida de la vivienda, pero conseguirlo no fue tan fácil. El muchacho no quería marcharse y la situación se volvía tensa conforme el reloj marcaba el transcurrir de los minutos. Katty, que al principio lo invitó amablemente a salir porque tenía que despertar a su pequeño para llevarlo al colegio, tuvo que insistir mucho e, incluso, ponerse borde para conseguir su propósito. Al fin, lo despidió con el gesto agrio y el tiempo justo. Y cuando se ponía a pensar en que había sucumbido a una locura, que había actuado de forma irresponsable o que una situación similar no podría volver a repetirse, las agujetas que cruzaban su cuerpo le recordaban que el sexo es placer, que el placer es irrenunciable y que la renuncia no se había escrito para mujeres como ella.
                                                                                                                      RoCastrillo

LOMO EN MANTECA CON CONSEJO RECONSTITUYENTE

        Una comida estupenda...
     ...Y un desayuno exquisito después de una noche fogosa...
    Esta antigua receta que os ofrezco hoy es muy sencilla de elaborar. De sabor exquisito y propiedades reconstituyentes, es una comida ideal para cualquiera de estos días festivos. La carne resulta tierna y muy sabrosa, pero lo mejor es la salsa, conocida con el nombre de zurrapa de lomo. La sirven untada sobre el pan a modo de tostadas, para desayunar, en muchos bares andaluces. Si elaboráis el plato siguiendo la receta que os muestro a continuación, tendréis salsa para acompañar a la carne y os sobrará para el desayuno del día siguiente.

    
     INGREDIENTES:Un kilo de cinta de lomo de cerdo fresca o cabeza de lomo (el plato sale más jugoso si se usa esto último); 300 gramos de manteca blanca de cerdo, 1 cabeza de ajo asada, 1 hoja de laurel, pimienta negra, sal, un vaso de vino blanco y un poco de coñac.
    ELABORACIÓN: Lo primero que hay que hacer es asar la cabeza de ajo entera, a la plancha o en el horno. Cuando se enfríe, se separan los dientes, se pelan y se reservan. A continuación se ponen al fuego en una cacerola grande o cazuela -todo en crudo- la manteca, el lomo y las especias. En el momento en que la carne empiece a dorarse se le agregan los ajos que estaban reservados, el vaso de vino y un chorreón de coñac. Cuando el vino se haya consumido, se le echa un vaso grande de agua caliente y se deja a fuego medio hasta que la carne se quede tierna y en su salsa. Una vez que el guiso esté frío se corta la carne en lonchas finas, de ½ centímetro de grosor aproximadamente, y se sirve acompañada de la salsa caliente.
    CONSEJO RECONSTITUYENTE: El resto de la salsa, al enfriarse, guarda una textura endurecida que sirve para untar en el pan como si fuera mantequilla. Mi consejo es que la toméis en tostadas a la mañana siguiente. Por su alto aporte energético se trata de un desayuno muy reconstituyente. Os sabrá exquisito en cualquier caso, pero mucho más, después de una noche fogosa. Como supongo sabréis, el amor (quería decir el sexo) da mucha hambre. Estas tostadas, además de calmarla, os renovarán las energías para seguir. ¿Que más se puede pedir al día de Navidad para que sea completo? Creo que nada.
    NOTA: Emi, Wynie, Olivia y Katty, después de pasar Nochebuena y Navidad en familia, vuelven a Madrid sin niños y con muchas ganas de marcha. Dispuestas, por supuesto, a vivir sabrosas aventuras, de las que os mantendré puntualmente informados en ABREMELOYA. Así que, ya sabéis: os propongo unas vacaciones eróticas y muy calentitas. Sumergidos, a diario, en las páginas de este blog.
                                                                                                                   RoCastrillo


           ABREMELOYA!!! También en Navidad. Nuevos contenidos todos los días

BUSCANDO EL OLVIDO EN OTROS BRAZOS

 ...Con el cuerpo dolorido después de una noche de sexo ardiente, dio patadas y puñetazos por todos los rincones de su casa...
    Unos minutos después de que Ése se marchara de su cama y de su casa, Wynie decidió echarlo también de su vida. Ya conocía la experiencia de amar a un hombre casado. La había vivido en sus tiempos de cronista parlamentaria MIS AMIGAS, estando ella también casada. Su mente se inundó de los recuerdos de aquel amor prohibido... De los encuentros furtivos en los baños del Congreso de los Diputados, del murmullo de unas llamadas con más silencios que palabras, de las disculpas absurdas, de los escondites y de las citas a ciegas. Una experiencia que la dejó traumatizada durante muchos meses. Sobre todo, porque estaba convencida de que si Rodrigo, su ex marido, no la hubiera sorprendido liada con el político en su coche, no le habría discutido la custodia de su hijo. A ello unía la sospecha de que la pérdida de su trabajo de toda la vida en Europa Press estuvo también relacionada con el “se acabó” que le soltó a su amante después de la pillada.
    No había vuelto a coincidir con el político en los más de dos años transcurridos. Lo había borrado de su mente y de cada poro de su piel. Nunca pensaba en él, ni siquiera cuando escuchaba su nombre en las noticias o se encontraba a alguna malévola ex colega que le preguntaba con retintín por su vida anterior. Tampoco regresó al Congreso. Se buscaba la vida escribiendo de cualquier cosa e, incluso, dejó de sentir el periodismo como una vocación. Su única preocupación consistía en cobrar por cada letra pulsada en el teclado. Al principio maldecía su suerte y lloraba sin consuelo por la pérdida del empleo estable y del salario fijo a final de mes. Pero el tiempo, que cubre las heridas como un manto sanador, la obligó a asumir sus nuevas circunstancias; a cuidar cada euro que entraba en su cuenta, a pasar por los escaparates sin mirarlos y a olvidarse de renovar su armario cada temporada...
    Y ahora, cuando creyó que aquellos sucesos estaban pasados, superados y olvidados, los recuerdos del político martilleaban de nuevo su cabeza confundidos con sus sentimientos hacia Ése.
    Aquella mañana, con el cuerpo dolorido después de una noche de sexo ardiente, dio patadas y puñetazos por todos los rincones de su casa. Se maldijo a sí misma, se llamó estúpida, imbécil y otra serie de lindezas similares por haber caído de nuevo en una relación prohibida y se dio una ducha. Enfadadísima, frotaba su piel con rabia para eliminar cualquier resquicio de las caricias recibidas poco antes...
   Wynie Smith vivió las jornadas sucesivas como si Ése no existiera ni en su vida ni en el mundo. Decidida a comprobar que sus dotes para la seducción continuaban inalterables, se buscó un ligue distinto cada noche que no le tocaba hacer de madre. Por su cama desfilaron varios camareros, un joven cantante de rap, un diseñador gráfico, un profesor de inglés, un aprendiz de actor, un bombero y un doctor... Hizo lo que nunca se le hubiera ocurrido: aceptar todas las propuesta recibidas. Y después de tanta noche ajetreada y tanto sexo más o menos placentero, en vísperas de Navidad... Escuchaba como un soniquete el ruido del tren deslizándose por las vías, sentía la respiración pausada de su hijo que dormía con la cabeza apoyada en su hombro... Y, en contra de su voluntad, pensaba en quién más deseaba olvidar...

MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO DE WYNIE SMITH


  ...La agarró con fuerza por ambos brazos, la estrechó contra su pecho y la besó con una pasión inusitada...
    Wynie volvió a ver a Ése mucho antes de lo que hubiera imaginado. No hubo llamadas ni mensajes. Solo un encuentro en El Maligno que no fue tan casual como ella creía. Justo dos semanas después de conocerlo llegó con sus amigas al citado club y lo vio nada más entrar, apostado al lado de la puerta, como si estuviera esperándola.
                                           
    -No pensaba verte tan pronto, le dijo a modo de saludo.
    -Yo a ti sí. De hecho, he venido a buscarte, contestó él sonriendo y con la mirada perdida en las esbeltas piernas femeninas. Estás muy guapa con esa minifalda, la piropeó al oído.
    -¿Vas a contarme por qué sabías que iba a venir esta noche? ¿Eres vidente, o quizás un detective que ha seguido cada uno de mis pasos?
    -Ninguna de las dos cosas. Tú misma me dijiste que solo salías una semana de cada dos, porque la otra estabas con tu hijo.
    -Sí, ya, contestó ella, satisfecha de que su amante hubiera recordado aquel hecho en teoría banal y decidiera actuar en consecuencia. ¿Tú de qué vas?, le espetó en tono descarado. Primero huyes de mi casa como la Cenicienta y luego dices que vienes a buscarme. ¿Pretendes confundirme, o la noche me confunde?
    Ése sonrió sin contestar. La agarró por la cintura y pretendió besarla. Wynie se deshizo de sus brazos y alejó sus mejillas del rostro masculino con un giro brusco de cabeza.
    -Ahora me confundes tú a mi. Creía que te gustaban mis besos.
   -Tanto como a ti los míos. Pero si quieres volver a probarlos, tendrás que explicarme por qué me dejaste plantada.
    -Perdóname. Lo siento, se disculpó el hombre.
    -No me da la gana. No creo en el perdón y, mucho menos, para practicarlo con un tipo que me dejó plantada. Si no me lo aclaras, adiós. Me voy con mis amigas. Te veo falto de inteligencia emocional, querido follador, le soltó al tiempo que lo provocaba con una mirada lasciva y la punta de la lengua paseándose por sus labios pintados de rojo fuego.
   -Ven aquí. Quédate conmigo, le contestó él mientras agarraba su brazo y la llevaba en dirección a los baños. Ahora te lo cuento todo, de verdad.
    -Empieza, le ordenó ella parándose en seco e intentando que la soltara.
   -Me esperaban en casa. Mi esposa y mi hija, aclaró, y Wynie sintió que una catarata de ladrillos se desplomaba sobre su cabeza. Le lanzó una mirada de “eres lo peor”y volvió la espalda con la intención de encaminarse al salón. Ése lo impidió. La agarró con fuerza por ambos brazos, la estrechó contra su pecho y la besó con una pasión inusitada. Ella no supo, ni pudo ni quiso negarse. Se entregó sumisa a aquellos besos ardientes. Al unísono, una colonia de mariposas surcaba su estómago y se humedecían sus labios interiores... Se dejó arrastrar por aquel beso interminable ajena al numeroso público que contemplaba la escena y al mundo entero que dejó de existir en esos momentos. El tiempo se estiró como un chicle y los abalanzó hasta la puerta de salida, prolongó la unión de sus labios por varias calles del centro de la ciudad e inundó de deseo cada rincón de la casa de Wynie. La razón abandonó su mente y entregó su cuerpo al placer de las manos masculinas que lo surcaban, al fuego del miembro erecto que se introducía en las viscosidades de su interior abierto en canal y a los latidos de corazones excitados que rompían el silencio de la noche. Se amaron con fuerza y sin palabras, y el día sorprendió sus cuerpos sudorosos y pegados. Un reloj situado sobre la mesilla de noche rompió el encantamiento. Ése lo miró y la realidad se convirtió en agua helada derramándose por toda la extensión anatómica de Wynie. Un escalofrío recorrió su ser y expulsó cuatro letras de sus labios. “Vete”.
    -¿Por qué quieres que me vaya? ¿Me estás echando?
    -No. Eres tú quien ha mirado la hora. Me has recordado que otra te está esperando y no lo soporto. El hombre que me ame, mientras esté a mi lado, tiene que entregarse al cien por cien.
    -Yo me entrego. Ven aquí. Déjame amarte otra vez.
    Y Wynie, la racional, la cerebral, la que enseñaba a sus amigas a doblegar los impulsos del corazón, no fue capaz de aplicarse su propia medicina y se dejó llevar por el precipicio de pasiones al que Ése la arrastró. Porque la razón se tornaba polvo cuando lo sentía dentro de su cuerpo y el paraíso se mostraba ante sus sentidos en su inmensidad más intensa...
                                                                                                                       RoCastrillo

martes, 27 de noviembre de 2012

EL CREPÚSCULO DEL POLACO Y EMI ABBOTT

       "....Emi se hacía el amor a sí misma, prisionera en su alcoba de las palabras que el polaco le dedicaba..."
   El fuego que brotaba entre el polaco y Emi Abbott nada más rozarse y la pasión desenfrenada que envolvía sus encuentros se volvieron crepúsculo con el acontecer de los días. Como ya os conté en una entrega anterior de ABREMELOYA EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT , ninguno de los dos podía -o quería- bajar la intensidad del ímpetu que los arrastraba hasta la inconsciencia desde el inicio de cada una de sus citas, en la terminal de llegadas del aeropuerto de Barajas, Madrid. Nadie, ni siquiera ellos mismos, pensó nunca que ese fuego -como todos- terminaría apagándose... Sin embargo, no tuvo que pasar mucho tiempo para que así ocurriera.
                                                               
    No hubo terceras personas, por si alguien lo estaba pensando. No. Ocurrió, simplemente, que se les rompió el amor... de tanto usarlo. Las llamadas telefónicas de una hora diaria como minimo se fueron espaciando. En parte, porque Emi no tenía mucho tiempo libre y, para colmo de males, su amiga Wynie Smith le insistía en lo absurdo que resultaba perder varias horas al día hablando por teléfono con un hombre. Lo que Wynie no captaba es que el polaco no era un hombre al uso y Emi lo sentía aún más especial que el resto del mundo. Con 60 años, su currículum vital lucía la huella de haber sido ex todo: ex cocainómano, ex empresario, ex alhohólico, ex marido... Estaba tan cansado de vivir que soñaba cada madrugada con deshacerse en minúsculas partículas y que cada una de ellas, cual fotones de luz, encendiera el camino que su amada habría de tomar en la vida...
     En las largas conversaciones telefónicas que sostenían se entremezclaban el fotonismo y el culo de vaso; el existencialismo con la lencería fina que Emi compraba expresamente para sus citas; el sexo tántrico y la cacharrería erótica. Juego de palabras con el que el polaco conseguía conmover a Emi a la vez que la ponía a cien y ella decidía encender el ordenador y buscar el vuelo que más rápido la llevara a sus brazos. Y cuando esos arranques se convirtieron en hábito, el mundo ajeno al hombre que rodeaba a Emi se resintió. Protestaron sus jefes, se enfadó su madre y se quejaron sus hijas. Por no hablar de su amiga Wynie Simith, que a diario le exponía sus documentadas teorías de marisabidilla según las cuales el polaco ya había cumplido su cometido en la vida de Emi y mantener esa relación carecía de sentido. Lo cierto es que las citas de ambos se fueron distanciando sin que el fuego que los quemaba se resistiera a apagarse. El sexo por teléfono suplió a los encuentros carnales y Emi pasó de encerrarse con él en una habitación de hotel a pasar noches enteras prisionera, en su propia alcoba, de las ardientes palabras que su amante le dedicaba. Guiada por él, se hacía el amor a sí misma con la sensación de que era él quien se lo estaba haciendo y se introducía en su vagina húmeda un pene artificial tamaño maxi pensando que se trataba de su añorado vaso de cubata.
    Y así han estado durante el último año: viéndose muy poco y practicando el sexo en la distancia. Y la distancia terminó por apagar el fuego... Emi tenía la intención de pasar una semana a su lado estas Navidades.. Soñaba con los escasos días que faltaban para calmar su ardor, para sentir a su amado polaco dentro de su cuerpo y perpetuar al máximo el éxtasis... Aunque fuera la última vez... Aunque luego lo viera desintegrarse en miles de fotones plateados...
   Hoy mismo he recibido una llamada de Wynie Smith. Me ha contado que Emi está desesperada porque el polaco no vendrá... de momento. Al parecer, le ha pedido un tiempo de reflexión.
     -¿Y eso? El tiempo lo da el reloj, nosotras no, le he contestado.
    -Exactamente lo mismo le he dicho yo. Y además, le he añadido que el hombre que pide tiempo quiere a otra, me ha contestado Wynie.
     Y para contaros, queridos lectores, el desenlace de esta historia, he telefoneado yo misma a Emi Abbott. Afortunadamente, no la he encontrado ni deprimida ni nerviosa. Es más: me ha pedido que saliéramos a cenar la próxima semana para despedirnos antes de la Navidad. Sobre la ausencia del polaco, está convencida de que no durará mucho. Asegura que volverá y que ella lo recibirá con los brazos abiertos (y algo más, ja,ja).
                                                                                                                                         RoCastrillo

UNA PASIÓN ATRAPADORA

                                   EL DESEO DE LA PRIMERA NOCHE
    Wynie se llevó a Ése a su casa y a su cama varias horas después de conocerlo en El Maligno y tras haber compartido con él unas cuantas risas, algún beso furtivo y otras cosas que no pueden contarse públicamente. Caminaron varias manzanas abrazados y besándose como posesos hasta llegar al apartamento del barrio de Los Austrias. Una vez en la intimidad, se despojaron de sus ropas mientras sus lenguas recorrían cada rincón de sus anatomías ardientes de deseo. Recostados en el sofá, follaron como leones y siguieron gozando encima de una silla, bajo las tibias aguas de la bañera y entre las sábanas estampadas de rosas que cubrían la amplia cama. Entregados de lleno a la tarea de descubrir el goce de sus cuerpos, apenas intercambiaron palabras.
        
    Solo cuando fue consciente de que el sexo junto a Ése adquiría un matiz especial, Wynie le lanzó un tímido “creo que esto se nos da demasiado bien”, y el asintió al tiempo que le dedicaba una mirada cómplice, una sonrisa ancha y un beso apasionado que ella saboreó como si se tratara del primero de su vida. No durmieron en las pocas horas que quedaban de noche... Él se despidió con los primeros rayos de sol y salió corriendo cual Cenicienta temerosa de que el Hada rompiera el encantamiento por llegar unos minutos tarde...Aquella huida sin motivo aparente le produjo a Wynie tal sensación de vacío que no pudo evitar el hecho de pedirle tímidamente una explicación del tipo “por qué tienes tanta prisa, si es sábado”. Él la tranquilizó con un beso cálido y estas palabras: “tengo unas gestiones que hacer. Descansa un rato, déjame tu número de teléfono y cuando despiertes estaré de nuevo a tu lado. Volveré, no te preocupes”.
    Escuchó el ruido de la puerta al cerrarse y tuvo la sensación de que todo lo ocurrido en esa noche mágica se había esfumado para siempre. Una extraña sensación de amargura recorrió su cuerpo e inundó las sábanas de la cama, poseídas aún por el olor especial que dejara Ése. Tuvo que repetirse a sí misma varias veces las palabras que el hombre pronunciara minutos antes de marcharse, con un convencimiento fuera de toda duda razonable “volveré, no te preocupes”, antes de ser capaz de quedarse dormida. Pasaron las horas.... Se despertó, preparó algo para comer, recogió la ropa, ordenó la casa, se fumó un cigarrillo y dejó que el tiempo siguiera consumiendo la lenta espera. El teléfono y el timbre permanecían en silencio. La noche abarcó con sus penumbras toda la extensión de aquel apartamento frío y vacío. Fue entonces cuando Wynie constató la evidencia de que Ése la había engañado. No volvió como había prometido y ni siquiera se dignó a llamarla. Indignada, dio un puñetazo en la mesa que le dejó la mano derecha dolorida durante un buen rato. Seguidamente, agarró el teléfono y marcó el número de su íntima Emi Abbott.
    -Qué pena, con lo simpático que parecía ayer cuando lo conocimos en El Maligno, indicó ésta. No me esperaba esa reacción tan rara de él. En cualquier caso no te preocupes ni pierdas más tiempo pensando en un tipejo así. El próximo día que salgas te buscas a otro y punto. Tú eres un espíritu libre y no quieres atarte a ningún hombre. De eso alardeas, ¿o no?
    -No alardeo, Emi. Es lo que siento. Y tienes razón: a Ése, que le den por el c. y que le guste. Afortunadamente, puedo tener a cualquiera que me guste cuando me de la real gana, y si vuelve o da señales de vida, que espere al final de la cola...
    Emi asintió con un sonriente “así se habla” y Wynie, más tranquila, decidió llamar también a Olivia y a Katty.
    -Los hombres, cariño, son todos iguales, le aseguró la primera. Te calientan la oreja con todo lo que quieras escuchar para conseguir su propósito y, una vez que te han llevado a cama y han saciado su deseo, cogen la puerta, se van y se olvidan de lo dicho. No puedo creerme que te sorprenda su actitud. ¿Que querías, que se quedara a vivir en tu casa?
    -No exageres, Olivia. Solo pretendía pasar el resto del finde con él...
     -Tú querías un fin de semana y a él le bastó con unas cuantas horas. El sexo por el sexo es lo que tiene, le dijo Katty Lloyd durante la tercera y última conversación telefónica que mantuvo aquella jornada... Ya sabes mi opinión al respecto: si un tipo te gusta mucho no debes irte con él la primera noche. Lo más normal es que sea un machista y piense que tú eres una cualquiera por llevártelo a la cama nada más conocerlo. Ellos siempre están dispuestos para tener sexo pero, a la hora de pensar en una mujer para algo más que un revolcón, nunca escogerán a la que consiguieron nada más conocerla.
    -Yo no creo que eso ocurra con todos los hombres, Katty. Pero si es así, tengo claro que ni uno solo merece la pena. ¿Cómo voy a perder un minuto de mi vida con un tipo que piensa mal de mi porque accedí a tener sexo con él nada más conocerlo?
    -Ni un minuto ni una hora, porque no te dará la oportunidad de hacerlo. Él ya consiguió lo que quería de ti. Y la próxima vez que le entre el calentón buscará a otra. Porque lo que tú puedes darle ya lo conoce. Así actúan, hazme caso.
    -No me da la gana, Katty. Me niego a pensar que los hombres del siglo XXI minusvaloren a una mujer o piensen mal de ella por sucumbir a sus deseos sexuales la primera noche. 

    -Piensa lo que quieras, Wynie, o lo que más te convenga. Pero la realidad es la que yo te acabo de decir. Te guste o no. Lo siento.
    Wynie colgó el teléfono y lamentó que su amiga le hablara en el mismo tono que lo hubiera hecho su madre. Su enfado iba in crescendo y ya no se debía solo al plantón de Ése. Las palabras de Katty la irritaron al máximo. Se negaba a creer, y mucho menos a practicar, una virtud femenina tan antigua como la decencia. Por más que le advirtiera Katty, decidió seguir haciendo lo de siempre: tirarse a todos los tipos que le gustaran y, si alguno pensaba mal de ella por eso, que se fuera al carajo. En el fondo, estaba convencida que no todos los hombres reaccionaban como creía su amiga. Y en el caso de que Ése perteneciera a dicho grupo, tenía claro que no le resultaba interesante seguir teniendo sexo con él. Ni siquiera volverlo a ver. Así lo decidió aquella noche. No obstante, los hilos que mueven el destino, como suele ocurrir, se balancearon a su antojo. Wynie se reencontró con Ése mucho antes de lo que hubiera pensado. En próximas entregas de ABREMELOYA!!! descubriréis el quid de la cuestión. ¿Volvió a la cama con él?
¡    Aquí os dejo, queridos lectores y lectoras, un tema para el debate. En general, ¿piensan mal los hombres de una mujer por tener sexo con ella la primera noche? Espero vuestros comentarios al final del artículo, pinchando en el epígrafe “escribir un comentario”.
    Nota: Me encantaría recibir muchos comentarios del sector masculino, pues son ellos quienes, por razones obvias, tendrán la respuesta más acertada al tema que planteo hoy. 

EL LADO OSCURO DEL DESEO

                                   
                            UN INTENSO FINAL DE PUENTE PARA OLIVIA Y WYNIE
     Acomodados en una mesa al fondo del salón de un concurrido restaurante japonés, Olivia N. y el de 28 se devoraban con sus miradas embelesadas. El sushi y la tempura esperaban en los platos mientras ellos, ajenos al trasiego de público y camareros, sudaban cada gota del deseo que desprendían sus cuerpos ardientes. Olivia escuchaba bonitos piropos -eres la más guapa y la más sexy que pisa la noche de Madrid- entremezclados con susurros del tipo “no sabes los millones de pajas que me he hecho pensando en ti” o “no quiero cenar, solo tengo hambre de ti”. Pletórica y orgullosa, respondía con un tímido “yo también te deseo mucho”, al tiempo que su acompañante, por debajo de la mesa, rozaba y recorría sus muslos prietos con los dedos de sus pies descalzos.
                                                       
     En otro escenario distinto, un apartamento situado en el barrio de los Austrias, Wynie Smith, cansada después de una intensa jornada con el rubio, se disponía a relajarse con una ducha templada y a ponerse guapa para recibir al profesor de Matemáticas. Aunque no era su intención tener otra jornada seguida de sexo, cedió por la insistencia del hombre, que la llamó por teléfono y le calentó la oreja y otras partes de su cuerpo pidiéndole, con un tono de voz henchido de deseo, que lo dejara dormir a su lado aquella noche. Y Wynie, que no era mujer de placeres rechazados ni oportunidades perdidas, accedió a recibirlo porque tenía claro que, junto a él, el disfrute sexual estaba garantizado.
     Los entresijos del destino se pusieron de acuerdo para que, en el mismo día y a la misma hora, Olivia N. y Wynie Smith estuvieran, cada una en su casa, gozando y temblando con sensaciones similares. La primera, empotrada contra la pared de su dormitorio, sentía al de 28 entrando en su cuerpo, sus manos aplastando el torso de su compañero y sus uñas clavadas, dibujando las huellas del deseo, en la piel suave y blanca del joven. El empotramiento era su postura preferida y, en el instante más álgido de la penetración, dejaba escapar suaves alaridos y pensaba en que nada en el mundo era comparable a la dicha producida por ese cuerpo perfecto que la poseía una y otra vez; en la belleza de la musculatura masculina que acaparaba intensamente cada hueco de su anatomía de mujer abierta al gozo; y escuchaba la voz de su acompañante interrumpida por los gemidos, halagando cada curva, cada pliegue y cada movimiento de sus pezones turgentes... Y provocando que vibrara con una intensidad inusitada y de una manera exclusiva que sólo él era capaz de conseguir. “Te quiero solo para mí, eres mía, mía siempre...”, musitaba el joven, y ella se estremecía al escuchar aquellas palabras pletóricas de sensualidad, sabiendo-aunque sin querer pensarlo- que la pasión que ambos sentían era insostenible, y que aquel amor sucumbiría por el peso irremediable de quince años de diferencia...
     Como si las hadas jugaran con ambas amigas haciendo que sintieran lo mismo al mismo tiempo, Wynie gozaba con el profesor de Matemáticas entre las sábanas suaves de su ancha cama. Agasajada por el placer de sus embestidas en lo más profundo de su cuerpo, contemplaba la inmensa estampa del miembro erecto entrando y saliendo de su interior. El intenso disfrute la incitaba a pensar, de la misma forma que le ocurría a Olivia, que esa polla estaba hecha a su medida y se adaptaba a cada uno de los músculos de sus profundidades en una simbiosis perfecta. Pero, cuando se elevaba al éxtasis excelso, una silueta en forma de cuchillo afilado surgía del lado oscuro de sus pensamientos más recónditos y la apartaba del paraíso. Sombra maliciosa que le insistía en que solo era sexo, que no se confundiera, que el amor era otra cosa y que ella estaba condenada a no sentirlo. Que, como le aseguraba su amiga Emi Abbott con la constancia de la noche que sucede al día, el profesor de Matemáticas no la quería y tampoco ella podía quererlo. Porque los hombres como él tienen bastante con quererse a sí mismos y no pueden soportar la carga de más amor; y las mujeres como ella son incapaces de conformarse con lo cercano y lo posible porque el ansia que las envuelve las arrastra a desear siempre lo lejano e inalcanzable. Era en esos momentos cuando Wynie Smith, su cuerpo envuelto del sudor de la pasión, pensaba en su ex marido, en Ése y en todos los hombres que la habían estrechado entre sus brazos... Entonces, un escalofrío cruzaba su cuerpo de arriba a abajo. Ahogada por la sensación de que su respiración se paraba, se estremecía...
                                                                                                                      RoCastrillo